sábado, noviembre 22, 2008

Curso de semiótica con aplicaciones topológicas

1 parroquianos

Para leer esto primero hay que saber que la topología es ESTO y la Semiótica es esto OTRO

En una relación entre Ud. y una empresa cualquiera, se podrían identificar los siguientes signos:

Signo1: Identidad. Representación: Carné de identidad.
Signo2: Identidad. Representación: Nombre propio.
Signo3: Institución. Representación: Sistema.

Con esto claro podemos ir a los pasos prácticos:

Consejo para cagarse a las telefonistas que te llaman para ofrecerte weas (tarjetas de crédito, créditos de consumo, analgésicos para soportar las llamadas de otras empresas):

Tenga en cuenta lo siguiente: cuando Ud. llama a un call center para que les resuelvan algún problema, siempre le piden su nombre (signo2) y su Rut (signo1). Si Ud. se niega a entregarle esos datos le van a contestar que "no lo van a poder atenderlo na' porque el sistema (signo3) lo requiere". Si no lo entrega el sistema (signo3) no funciona. Seguro lo escuchó en más de alguna oportunidad. Bueno, en ese momento no le queda más alternativa que entregarlo, porque de lo contrario no va a obtener lo que anda buscando, pero momento, ahora viene la revancha.
Las empresas necesitan captar clientes y para ganarle a la competencia incurren en prácticas reñidas con la ética. Ahí es cuando traspasan el límite entre el espacio público y se meten en las casas a través de llamados telefónicos que hacen gracias a una bases de datos telefónicas que son vendidas por otros tránsfugas.
No se ofusque, haga los siguiente y entreténgase:

Cambio de lugar (aplicación topológica)

Cuando a Ud. lo llamen haga lo mismo. Póngase Ud. en el lugar de la empresa y pídale a la telefonista su nombre (completo) (signo2) y su Rut (signo1). Si no se lo dan, conteste lo mismo que le dicen a Ud.: - Ahhh no le voy a "poderle contestarle" na'. Y cuelgue.

Es probable que en lo inmediato no pase mucho, pero si consideramos que si hacemos tan masivo como ellos esta práctica (y todos contestamos la misma wea), es altamente probable que la inversión que ellos hacen les va a resultar tan poco efectiva que finalmente dejarán de wevear.


En el próximo capítulo veremos como contestarle al Metro S.A.


domingo, agosto 31, 2008

La diferencia con el mundo.

5 parroquianos

¡¿Quién es Ud.?! ¡¿Qué hace aquí?!... ¡Ya!... ¡Váyase! Gritaba una vieja arteriosclerótica a un niño de 8 años y éste, a su vez, la azuzaba para irritarla aún más. La vieja arremetía con más fuerza en su pregón, como si ella misma hubiese sido el panal de abeja que con un palo el mozalbete agitaba. La escena se repetía cada vez que el imberbe llegaba a esa residencia donde habitaba la anciana y terminaba cuando la hija de la vieja, calmándola, la retiraba a su habitación ¿Cuándo terminó definitivamente ese diálogo insulso? cuando la vieja ya no pudo más y murió producto de una oclusión en sus arterias. Pero lo que en ese lugar un día concluyó permanece hasta hoy como una interpelación casi insolente: ¿Quién es Ud.? ¿Qué hace aquí?... ... ¿Qué lo lleva a escribir esto?

El Yo y el otro

Una interpelación que evoca a la diferencia más que a la alteridad de un otro desprovisto de corporeidad; el interlocutor, por su proximidad, es un otro que interpela directamente, pero en ese llamado de atención hay un contenido no desvelado ¿Por qué hacer la pregunta nuevamente? Ese niño ya tiene nombre y, por tanto, es improcedente la interrogación, más aún viniendo de alguien que está privado de la razón ¿Qué le puede decir alguien a otro estando privado de la razón? Precisamente, eso es lo preocupante, que desde lo razonable no se espera que ese otro diga algo, y sin embargo lo dice, y lo que dice importa a la Razón. Nuevamente ¿quién es Ud.? (Qué agotadora pregunta) Señor lector lo mejor es que no trate de contestarle porque a la vieja no le interesa lo que Ud. diga y lo que diga es para Ud. mismo. De eso precisamente se trata. Lo que a ese otro interesa no es de interés del que está en este lado, lo que a ese otro interesa es ininteligible, y por eso lo que está de este lado es lo razonable..., porque está de este lado, porque así se ha dicho. Para contestar la pregunta no basta con mirar la cédula de identidad y encontrar en ella una definición, la pregunta ha sido formulada por otro y es en relación a ese otro que se espera una respuesta, no para él sino para uno mismo.


Aun cuando la pregunta es para uno mismo, lo que está en la cédula de identidad ha sido dado por otro, es la sociedad, a través de los padres de cada uno de sus miembros, la que ha dicho quién es este sujeto.


La anulación de ese otro irrazonable termina en la inminencia de una separación, de una expulsión: ¡Váyase! Y el lugar que se ha de dejar vacío es el de la cercanía con la sinrazón, con su corporeidad. De ahí en más la diferencia será la alteridad. Lo diferente es aquello que está afuera, exiliado de la comunidad y que aparecerá como hecho exótico cuando esa cercanía se produce.


¿Qué es lo que ese otro pone en disputa? Interroga no sólo por lo que se es (tensión interna), sino también por el lugar que se ocupa (tensión exterior); ser o estar. Es eso lo que entra en disputa con el otro, el lugar. Ese lugar siempre había sido ocupado por el niño, pero luego llega un niño adulto (o vieja esclerótica) que le hace preguntas al primero por el derecho a ocupar ese lugar, no se lo niega, no se lo quita, no se lo arrebata, simplemente le hace la peor de las preguntas y que puede ser traducido como: qué dice que este lugar ha de ser ocupado por ti. Ni siquiera es una pregunta por la pertenencia o la propiedad. Se refiere a una pregunta por estar en el mundo, se refiere a: ehh, tú, parado ahí, quién te ha dicho que te puedes parar ahí y no allá, quién te ha dicho que te puede parar. Devolver la pregunta no tiene sentido, porque el otro la hace desde el sinsentido: ¿Qué sentido tiene hacerle una pregunta al sinsentido? Es entonces que la respuesta del niño no es una pregunta sino que se manifiesta en el acto de azuzar al otro, sin saber que lo que se mueve producirá tantas preguntas como las picadas de las abejas al agitar su panal; el otro no va a contestar sino con lo que ya dijo, pero eso que dijo, después de agitar, se devuelve a uno mismo con múltiples sentidos (y picaduras), “la paradoja es primeramente lo que destruye al buen sentido como sentido único, pero luego es lo que destruye al sentido común como asignación de identidades fijas”[1]. Esas nuevas preguntas irán a cuestionar, a exiliar del lugar al agitador, porque no es un lugar que le corresponda, ese espacio es el de la sinrazón y que sólo sirve de referencia para saber lo que es razonable. Pero el niño no se va por mutuo propio, es echado y quien lo exilia no es la vieja, es la hija de la vieja, que siendo adulta, madura y no afectada por enfermedad que nuble su razón, echa al niño del mundo de la sinrazón, o del mundo en que la razón puede tutearse con la sinrazón, pero a la vez que lo echa levanta una frontera entre uno y otro lugar que no podrá ser de nuevo franqueada. Así, el niño regresa quieto y manso, y con esa tranquilidad es posible escribir esto hoy, sabiendo que se está en lo razonable porque se ha visto la diferencia, se ha visto la sinrazón.


Aún sabiendo que se está en el lado de la razón, por la certeza que produce el avistamiento de la diferencia, será necesario volver, por momentos y una y otra vez, para indagar si es cierto eso que se descubrió y que la hija de la vieja, con el exilio, le enseñó. Pero ese deseo no será más que una añoranza. Ahora adulto, en el mundo de la Razón, se debe asegurar esa diferencia contra los fragmentos que de la locura de la vieja quedaron esparcidos en los manuales psiquiátricos.


El aprendizaje también atañe a la posición que cada uno de los personajes ocupa en este relato que no es historia, que no alcanza a ser un cuento, pero que escenifica la identidad del que luego será un sujeto moderno; la vejez representa un linde entre la sabiduría y la locura, y contrasta con la infancia donde el niño representa la inmadurez y la no sabiduría o, cierto grado de distancia respecto de lo que es racional. Así, la niñez y la vejez se hacen guiños, pero una saliendo de la Razón y la otra entrando en ella. En el medio, la hija de la vieja ocupa el lugar de la sociedad, de lo moderno, de la definición de lo que es razonable y que, por una parte, exilia al niño a ese mundo y, por otra, recluye (en el dormitorio, en el hospital) a la vieja para que no se “mezcle”, no contamine, a quién se aproxima a la sociedad moderna. Pero representa también el poder que confiere la razón en su uso discursivo, con ese poder es que se puede decidir el linde entre lo que es o no razonable.


El aprendizaje de esa diferencia no volverá a suceder como escena de la vida cotidiana. La vieja que representa esa diferencia “próxima” muere y con ella su deambular en la comunidad. Su perecer no es inocuo, agrega una nueva deuda a cada uno de sus individuos en pos del desarrollo. Para volver a indagar esa diferencia será necesario recurrir a escenas artificiosas, experimentales y cauteladas por profesionales de los hospitales psiquiátricos; habrá que recurrir a la literatura o al cine para fantasear un diálogo. Es probable que esta haya sido la última vieja que anduvo suelta y si en la modernidad usted quiere encontrar una, sólo conseguirá los restos del voceo o de su definición en el DSM IV.



[1] Deleuze, Guilles: “La Lógica del Sentido”. Edición Electrónica de www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS. 14 de mayo de 2008. Página 10.

jueves, junio 19, 2008

Cuando dejamos de creer

3 parroquianos

El presente texto es parte de un documento mayor, destinado a obtener un grado académico.


El mundo no siempre fue la oposición que hoy llamamos binaria. Esta forma de comprender o separarlo refleja más bien el cambio de época y el reentendimiento de los individuos que forman parte de la sociedad. Por el contrario, antes de la modernidad, el juego de tres elementos hace que las cosas adopten formas únicas; el mensaje de un loco puede tener una relación con la verdad y su contenido señala algo a los receptores del mensaje; podría estar más cerca de lo divino (o del infierno) mientras más alejado se encuentre de la razón. El caso es que lo dicho por ese otro no sólo está relacionado en su validez con la razón, también con la verdad o su búsqueda en el marco donde la religión y Dios son el centro del universo. Así, el discurso verdadero lo disputan los alquimistas, brujas, hechiceros y curas. Claro está quiénes son los que ejercen la hegemonía y lo que sucede a los que se le oponen y no están en el círculo del poder. Sin embargo, quienes no ejercen la hegemonía no son ignorados, todo lo contrario, por el contenido de su discurso, por tenerlo presente, por temerle, por cuestionar su autoridad, es que se los quema en la hoguera, se les combate o se les exilia. La guerra entre esos discursos es el lugar donde se disputa la forma en que se ordena el mundo, el criterio para escribir la historia y la verdad que lo produce. Luego, en la modernidad ese contenido y su tensión con la locura o la hechicería dejarán de ser relevante en tanto la razón no lo validará como discurso, sino como patología. Consecuentemente, la religión dejará de ser el campo de batalla para ser reemplazado por la ideología.

En la premodernidad la identidad, siempre anclada en la comunidad, toma como contenido la forma en que se relacionan los individuos. La satisfacción de necesidades está en la base de la fijación del individuo al grupo y el loco no está excluido del discurso que la comunidad estructure como cosmovisión del mundo. La lógica ternaria[1] determina una identidad donde cada uno de sus miembros puede ver en el discurso de ese otro, loco, la posibilidad de un mensaje que se refiere a la verdad y que en lo fundamental lo confronta a un mundo ordenado por el vínculo de los discursos divinos que circulan por la comunidad.

El individuo se enfrenta directamente contra otros y se define en base a una relación con otro corpóreo. Al individuo el hechicero, el alquimista, la bruja, el loco, el cura lo increpan, lo aconsejan, lo orientan, lo amedrentan, lo felicitan... Es una relación que revela en el cuidado de la comunidad, la existencia de otros mensajes que atestiguan la diferencia. Ahí se podría haber definido un sujeto. Ese otro “irrazonable” está dentro del círculo de la comunidad, circula libremente dentro de ella. Pero no es el único distinto, también hay una diferencia que se mueve por el exterior, como los que profesan otra religión, los que pertenecen a otra cultura. El individuo se mueve entonces en dos esferas que le permiten diferenciarse, una como individuo donde siempre predomina la identidad de la comunidad y otra como perteneciente a una comunidad que no es la de los extranjeros y que lo diferencia de ese afuera; diferencia externa que en el discurso propio amenazan la cohesión (aunque la mayor amenaza para la mantención del grupo es más interna que externa, “lo extraño no está afuera, está adentro”[2]) y que sirve de excusa para imponer “a todos por igual su camino para conseguir dicha y protegerse del sufrimiento”[3].

En la modernidad al contraerse la comunidad lo hacen también las esferas de diferenciación; el sujeto ancla su punto de capitón en el cogito cartesiano, en su razón, que es la razón creada por la ciencia. El cielo se derrumba y también el vértice que lo sostenía. Ese discurso deja de ser en el sujeto una posibilidad de ordenamiento verdadero del mundo, se convierte en patología y si antes la brujería era punida por la iglesia, hoy no pasa de ser una mercancía inofensiva para cualquier mortal incrédulo. La ofensa a la razón tiene como consecuencia su negación como discurso y su encierro como sujeto; “La locura no es ya la rareza familiar del mundo; es solamente un espectáculo muy conocido para el espectador extraño; no es ya una imagen del cosmos, sino el rasgo característico del acvum”[4]. Cuando el delirio dejó de ser colectivo, los persistentes debieron ser encerrados.

Destruido el eje de la lógica ternaria, encerrado el loco, convertida la bruja en mercancía, el ciudadano no ve la razón para seguir perteneciendo a la comunidad. El contrato tácito que lo mantenía se ha convertido en una expresión escrita de la libertad del hombre. La identidad no tiene en la modernidad ese referente divino mediatizado por estos personajes; ya no es ternaria, se le contrapone ahora un síntoma, una patología, uno mismo en el otro inconsciente, es donde uno ya no habla, es binaria, es fantasmal.

La modernidad escinde en paciente y delirio el discurso de ese individuo loco. Socialmente predomina su patología; fragmento del individuo que se hace extensivo en su tratamiento o en los proyectos de integración educativa: - Ese es down mosaico, o tal vez down leve, quizá deficiente mental. La locura sucumbirá primero al exilio, como los dioses descritos por Heine, y quedará desligada de todo ropaje extrasensorial, subsumida en su único par, la razón. Contra ese puro fragmento se fundará el sujeto moderno y lo único que quedará de ese loco serán restos literarios que “hace girar los saberes, ella no fija ni fetichiza a ninguno; les otorga un lugar indirecto, y este indirecto es precioso. […] la literatura trabaja en los intersticios de la ciencia, siempre retrasada o adelantada con respecto a ella”[5]



[1] Al respecto Michel Foucault, en “Las palabras y las cosas” Ed. Siglo XXI. Vigésimo tercera edición 1995, página 50, señala: “Durante el renacimiento, la organización es diferente y mucho más compleja; es ternaria, puesto que se apoya en el dominio formal de las marcas, en el contenido señalado por ellas y en las similitudes que ligan las marcas a las cosas designadas; pero como la semejanza es tanto la forma de los signos como su contenido, los tres elementos definidos de esta distribución se resuelven en una figura única.

[2] Braunstein, N. y otros: “Nada más que siniestro (unheimlich) que el hombre”. En Braunstein, N.: “A medio siglo de El malestar en la cultura de Sigmund Freud”. Editorial S. XXI. Novena edición 2005. México. Página 207.

[3] Freud, S.: El malestar en la Cultura”. En Braunstein, N. y otros: “A medio siglo de El malestar en la cultura de Sigmund Freud”. Editorial S. XXI. Novena edición 2005. México. Página 46.

[4] Foucault, M.: Historia de la locura en la época clásica”. Tomo I. Editorial Fondo de Cultura Económica. Original 1964, Paris. Francia. Tercera reimpresión 1992. Argentina. Pagina 47

[5] Barthes, R.: “El placer del texto y lección inaugural”. Editorial Siglo Veintiuno. México. Primera edición en español 1982. Novena edición 1996. Página 124

martes, mayo 13, 2008

Arterioesclerosis

9 parroquianos

¡¿Quién es Ud.?! ¡¿Qué hace aquí?!... ¡Ya! ¡Váyase! Gritaba una vieja arteriosclerótica a un niño de 8 años y éste, a su vez, la azuzaba para irritarla aún más. La escena se repetía cada vez que el imberbe llegaba a esa casa y terminaba cuando la hija de la vieja, calmándola, la retiraba a su habitación ¿Cuándo terminó definitivamente ese acontecimiento? cuando la vieja ya no pudo más y murió producto de una oclusión en sus arterias. Pero lo que en ese lugar un día concluyó permanece hasta el día de hoy como una interpelación casi insolente: ¿Quién es Ud.? ¿Qué hace aquí?...

jueves, abril 10, 2008

Focus 2: Entrando a la sala

7 parroquianos

Uno: Sr. arquitecto, me siento solo.

Moebius: Bueno, lo siento. Esto es un Focus y no una terapia ni un psicoanálisis.
Por Favor ¿pueden uds. pensar y comunicarnos un hallazgo o descubrimiento que hayan hecho durante la semana pasada? Cualquiera sea éste.

Ocho: Sí, yo descubrí que si me tiendo puedo convertirme en infinito.

Moebius: Bien, eso ya lo dijimos la vez anterior. Trate de no ser tan autorreferente y hágase un poco el Anónimo para hacer como que no llama la atención pero queriendo llamarla ¿Me entiende?.

Ocho: No puedo hacerme el anónimo, he sido nombrado.

Cinco: Yo descubrí que mi abuelita se saca los mocos con el dedo anular.

Todos: Jajajajajaja ajajaja jajaja...

Moebius: Por favor Cinco, no sea asqueroso. Se trata de descubrimientos que puedan ser considerados por la comunidad científica.

Ocho: ¡Esa comunidad! ¡Esa!...

Moebius: Sí, esa...

jueves, abril 03, 2008

Adivinanza dos: ¿Qué es? (esta es más fácil)

2 parroquianos

Además me recuerda este otro tema http://habitacle.blogspot.com/2006/09/focus-concluido.html



ONE - Aimée Mann

One is the loneliest number that you'll ever do
two can be as bad as one, it's the loneliest number since the number one
'no' is the saddest experience that you'll ever know
yes, it's the saddest experience you'll ever know
yes, because one is the loneliest number that you'll ever do
one is the loneliest number that you'll ever know
It's just no good anymore since you went away
now i spend my time just making thoughts of yesterday
(one by one)
Because one is the loneliest number that you'll ever do
one is the loneliest number that you'll ever know
one, is the loneliest number
one, is the loneliest number
one is the loneliest number that you'll ever do
one is the loneliest number, much worse than two
one is a number divided by two

lunes, marzo 31, 2008

Adivinanza: ¿Qué es? ¿Dónde se canta?

6 parroquianos

It's not
What you thought
When you first began it
You got
What you want
Now you can hardly stand it though,
By now you know
It's not going to stop
It's not going to stop
It's not going to stop
'Til you wise up

You're sure
There's a cure
And you have finally found it
You think
One drink
Will shrink you 'til you're underground
And living down
But it's not going to stop
It's not going to stop
It's not going to stop
'Til you wise up

Prepare a list of what you need
Before you sign away the deed
'Cause it's not going to stop
It's not going to stop
It's not going to stop
'Til you wise up
No, it's not going to stop
'Til you wise up
No, it's not going to stop
So just...give up

lunes, enero 14, 2008

Freudiano

20 parroquianos

Qué le dice el "amor" al "sentimiento de culpa": - Luces fatal.
Qué le responde el "sentimiento de culpa": - Por tu culpa.