martes, enero 23, 2007

La celebración

0 parroquianos

Los jesuitas me enseñaron que la culpa existe, que ordena el mundo y nos permite convivir. Pero mucha culpa no te deja vivir. La moral cristiana es penetrante y permanente en la psiquis. Por el contrario, el psicoanálisis me enseñó que puedo hacer eso que tanto me gusta (prohibido por la moral) pero sin culpa, que hay cosas por las que no necesito sentirla y por ello, su ejercicio analítico, consiste en desmarcarse de la moral cristiana, pero sin perderla de vista. Para mí, la cura psicoanalítica consiste en que ahora puedo hacer todas esas cosas reprobadas por la moral pacata sin sentir culpa.

Los jesuitas no desean la muerte a nadie y los moralmente (cristianos) correctos tampoco. Quién dijo que la moral cristiana es la correcta. En este momento soy feliz y disfruto que la muerte haya alcanzado al desgraciado y de paso disfruto por poder disfrutar. Viva también por “Los Tres” que no tienen nada de cristianos.

No Es Cierto - Los Tres
Album: Hágalo usted mismo.

Nunca nadie entendió lo que dijiste ayer
Sonaba tan distinto a cuando eras el rey

Un hombre convertido en niño le ruega a Dios
Silencioso como una rata meando sobre algodón

Dios perdonará si me excedí, pero no creo
Todos los problemas que causé, se los dedico al cielo

No me acuerdo, pero no es cierto y si es cierto no me acuerdo, hoy....

Para ser un valiente hay que llegar al final
Soldado en tu uniforme y arrugas que hay que planchar

Hoy ya no sabes si tu vida fue tan buena
Los recuerdos de los que me hablas iluminan tu condena

Si tu vida fuera mi vida, moriría de pena
No me acuerdo, pero no es cierto y si es cierto no me acuerdo

No me acuerdo hoy
No me acuerdo hoyyy
No me acuerdo hoyyyy
No me acuerdo hoyyy
No me acuerdo hooyyyyy
No me acuerdo hooyyy
No me acuerdo hoooyyyy

martes, enero 02, 2007

Leche Condensada (segundo lugar)

5 parroquianos



Este cuento alcanzó el segundo lugar en un concurso literario del Ministerio de Educación.

Leche condensada, ese era el objetivo... (leche condensada). (Condensación de muchas carencias y de las caries que me sacaron un boleto al otorrinolaringólogo quien no ha podido curarme la sinusitis). Todo mal.

En este lado del río había un almacén que me tentaba todos los días con una pila de tarros de leche condensada, y yo sin poder alcanzar ninguno. A veces llevaba uno en mis manos, pero era para algún producto de repostería. A veces era para el café o para el té; a veces para compartir con todo un familión de tíos, primos cercanos y lejanos. A veces quedaba durante largo tiempo en el olvido de alguna estantería (no de mi olvido, por cierto). Esta suma de “a veces” se transformó durante mucho tiempo en un “siempre”, por un lado y un nunca para mí solo, por otro. Hasta que un día lo logré. Con el ánimo de asesinarla, llegué hasta donde una tía; poniendo cara de ternura logré sacar de ella unos cuantos y suficientes morlacos para la compra de mi vida, aunque ella no sabía el destino final del dinero. Ese intercambio (cara tierna por plata) le salvó de morir simbólicamente.

¿Dónde comprarla? Gran segundo escollo. Todos en este lado del río eran mis parientes y, ante cualquier amague de compra, medio pueblo (los de este lado del río) se enteraría de la adquisición y lo que quería fuese sólo para mí, sería un producto partido quizás en cuántas fracciones: ¡Nica!. Me dije. - A cruzar el río- aseguré. Junté fuerzas y valor y me dirigí hacia el puente para conseguir mi botín. De pronto comencé a sentir un pequeño calor entre las piernas. ¡Orines!... ya casi me meaba. Entre el frío y el miedo los nefrones hicieron su trabajo y tuve que volver a casa a resolver el pequeño inconveniente...

Cada vez que pongo un pie en ese puente se me vienen a la cabeza imágenes de seres que podrían causar más de algún perjuicio en mi apreciada estabilidad emocional, tirito y los nefrones hacen su trabajo. Nunca he sabido cómo enfrentar ese temor y lo más probable es que lo resuelva de la peor manera (¿cuál será la mejor?). Pero ¿a qué me enfrento? a compartir un tarro de leche condensada o arriesgarlo todo: dinero y alma, alma y dinero, y conseguirlo del otro lado del río para que sea sólo para mí. A este lado la seguridad es completa, pero el botín compartido y, probablemente, como somos tantos y yo soy el más pequeño, sólo alcance a estimar el aroma del tarro. Al otro lado del río el riesgo es alto, la posibilidad de perder todo el botín es algo que podría ser inminente. Mientras camino pienso que ese es el único puente que está más alto que el resto del camino y en cada uno de sus extremos se forman pequeñas pendientes, más fuerte en el caso de la que está de este lado del río que la del otro lado. En realidad es, creo, el único puente que conozco. El otro puente sobre este río está varios kilómetros abajo y no lo he cruzado. Lo primero que a uno lo recibe habiendo bajado la suave pendiente en que remata el puente del otro lado del río, es el cementerio. Cementerio que alberga bajo tierra a la mayoría de los parientes de nuestra familia, pero ¿por qué está del otro lado del río si son nuestros deudos?

Frente al cementerio pasa a mi lado un tipo con una mujer; miden unos 2 metros de altura. Ella lleva la cara cubierta por la cabellera. Él me mira y uno de sus ojos está medio cerrado. Afirmando su mano con el dedo pulgar en un bolsillo del pantalón sujeta entre el índice y el anular un cigarrillo. Con el otro brazo sujeta a la mujer por la cintura y se bambolean en la vereda de un lado a otro. Tanto, que tengo que bajar a la calle para pasar al lado de ellos. Al cruzar nuestros caminos y dejarlos atrás me doy vuelta para asegurarme que hayan seguido otro rumbo y ella, a su vez, se da vuelta a mirarme dejando ver entre su cabellera uno de sus negros ojos. El emporio está a dos cuadras ascendiendo por una suave pendiente. Desde allí desciende una serie de sujetos, cada uno mide como 2,1 metros de altura, todos enfrentándome por la vereda poniente de esa avenida. Ya estoy aquí, falta muy poco, es tan sólo una transacción y nos devolvemos. Entré al negocio, pedí la mercancía, el sujeto me miró con una cara de complicidad que me hizo ruborizar y sentirme culpable de lo que estaba haciendo en otras tierras. Cogí el tarro y tiempo después, cuando supe más de dinero, me di cuenta que había pagado el doble por un tarro, o que podría haber comprado dos, o que me retiré tan rápido y antes que me pudiesen dar el vuelto.

Casi como un efecto de rebote los sujetos que antes iban, ahora venían; es decir, nuevamente su rumbo era contrario al mío. Sin embargo, ahora eran todos un poco más pequeños, pero yo seguía siendo mucho más pequeño que ellos. Al pasarme uno de ellos levantó rápidamente un brazo y, con la misma velocidad, sentí que lo iba a dejar caer sobre mi rostro. Sudé helado. Pero el gesto era para espantar un mosquito que le jodía la visión del camino.

Comencé a correr en dirección al puente y al llegar al extremo correspondiente a “los de este lado del río”...

Se va el pecho en cada resuello, la bajada pronunciada del puente parece un resbalín. El trajín de gente es mayor al del otro lado y con mucha mayor diversidad; viejos y jóvenes, altos y bajos, hombres y mujeres, parientes y no tantos, mujeres bellas y otras simpáticas. De todo. Y todos mirando mi camino. El único bolsillo en el que podía echar el tarro estaba roto, así es que debí acompañar con mi mano al tarro para que no se cayera al pavimento. Ese gesto parecía delatar en los pasos en que andaba y, por lo mismo, las miradas arreciaban al inusual tranco y postura que llevaba. De cualquier forma, esa sensación estaba más en la garganta amarga que se apretaba con los nervios y se soltaba con la salivación ante la inminencia del zarpe al tarro de leche.

El tío “tripa seca” sale justo de la oficina de correo. Lo miro de reojo desde la vereda de enfrente y no alcanza mi sigilo a evitar el encuentro. Con efusividad me saluda y abraza y yo, en una situación bastante incómoda, puedo corresponderle con un solo brazo. ¿Qué te pasó en el brazo mijito? Me dijo. NaAAaa, es que lo tengo un poco adolorido. Le contesté. Vamos a la casa para que la Isabel te lo revise. (putas, ¿qué mierda hago?). No se preocupe tío, si fue un golpecito, ya se me va a pasar. Le dije mientras sentía que un calor me subía por entremedio de la ropa hasta mi rostro (y una voz me decía: ¡mentiroso!). Bueno, cualquier cosa me vas a ver. Me dijo. Se despidió y se fue. Yo tuve que salir para el otro lado; desandar lo andado porque el “tripa seca” se fue para donde yo me dirigía. Torné la esquina y miré por el borde de la casa hasta que el viejo desapareció.



- Claro, los dolores del cuerpo te hacen crecer.
- Cierto, pero eso lo pueden saber los médicos... ¿cómo distingues entre un dolor de crecimiento y una enfermedad? Tienes que preguntarle a un médico, pero cuando llegas ya se te pasó; es como cuando escuchas un ruidito en el auto y lo llevas al mecánico para que lo arregle y en el taller el ruidito desaparece. Pero al salir del taller, a una cuadra de distancia, el maldito vuelve y vuelves al taller y éste vuelve a desaparecer. Es el destino que te está agarrando pa' la palanca (te sube y te baja a su antojo). ¿Me entiendes?
- Claro.


Bajo aquella plataforma queda un espacio desde donde se observa el centro neurálgico del pueblo pero nadie puede, por los arbustos que lo protegen, observar hacia su interior: sitio ideal para el asalto al tarro de leche condensada.



- Te has dado cuenta que cuando estamos a punto de lograr algo, siempre falta algo.
- Sí ¿Pero en qué estás pensando exactamente?
- En que luego de pasarnos a todos los jugadores rivales pegas un tirito que recoge fácilmente el arquero; en que siempre te falta un papel para que te den el certificado; en que siempre el árbitro nos deja en el segundo lugar; en que siempre que vas al supermercado, compras cualquier cosa, y no lo que pensabas comprar; en que cuando te compraron un monopatín, los demás andaban en bicicleta; cuando te compraron jeans, los otros andaban con cotelé.
- Ahhhh, sí.



Con la salivación galopante e instalado bajo la plataforma desde la que, normalmente, hacía sus discursos el alcalde, surge el último problema: ¿cómo abro la lata? Agité el suelo buscando alguna piedrita que pudiese servir de herramienta para hacerle al tarro los correspondientes dos hoyitos (uno para succionar y el otro para que entre el aire y permita circular el maravilloso fluido). ¡Nada! Puras piedras redondas, ni una sola con un filo o canto. Golpeé y golpeé el tarro con un par de piedras. Usé palos: todos se quebraron, incluso le di contra el canto del cemento de la plataforma. No hubo caso. En la oscuridad del lugar, con el tarro entre las piernas me senté a pensar. Muy bien, me decidí a salir pero antes dejé escondido el tarro entre un par de plantitas. Caminé dos cuadras y en casa de una tía (otra, no a la que siempre le he deseado el mal), saqué un cuchillo con punta. Justo en el momento que lo guardaba en el bolsillo entró mi tía y me pregunta ¿Cómo estás mijito? Bien, bien tía. ¿Qué busca mijito? No nada, nada tía. Y me dejó ir. ¡Uf! Qué suerte. Se imaginan explicar qué andaba haciendo, a mi edad, con un cuchillo con punta; lo mínimo que conseguía era quedar como egoísta por esconder un tarro de leche condensada y, lo más probable, es que perdiera mi botín en beneficio de un küchen o queque. ¡Nica! Volví al escondite, busqué y busqué el tarro. No estaba. Miré hacia afuera a ver si alguien, por su rostro, se delataba. Nada ni nadie dio la más mínima pista. Fuenteovejuna se lo tomó y nadie sabe para quien trabaja.

martes, diciembre 19, 2006

Por qué Celebramos

8 parroquianos

Celebramos porque en el plebiscito no se terminó la dictadura, su mayor expresión quedó ahí, dando vueltas. Exacto, para recordar, pero también porque en su momento el proceso no se cerro completamente; El tirano quedó dando vueltas cual mosca rebolotenado en la sopa, con él los miedos no se terminaron de difuminar; incluso miraría con cierto recelo y sospecha a aquellos que, siendo contrarios al tirano, no celebraron y, es más, se quejaron por los que sí lo hicimos. Sospecha de que hayan sentido liberación, que no sientan que algo grave dejó de ocurrir porque quizá nunca sintieron nada grave o no se sintieron cercanos a quienes la pasaron mal y muy mal en la dictadura.

martes, diciembre 12, 2006

Aprender a aprender

3 parroquianos

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano o encadenar un alma,
y uno aprende que el amor no significa recostarse,
y que una compañía no significa seguridad,
y uno empieza a aprender.

Que los besos no son contratos,
y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos.

Uno aprende a construir todo su camino en el hoy
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes,
y los futuros tienen una forma de caerse a la mitad.

Después de un tiempo uno aprende que “sí” es demasiado,
y hasta el calorcito del sol quema.
así que uno planta su propio jardín,
y decora su propia alma,
en lugar de esperar que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende...
y con cada adiós... uno aprende.

Unos dicen que lo escribió Jorge Luis Borges, otros dicen que no.

sábado, diciembre 02, 2006

Teoría de Juegos.

3 parroquianos

Ejercicio práctico.

Tereza no puede ser profunda si Tomás no es leve; al revés: si Tomás es profundo, Tereza deberá ser leve. Pero como las estructuras no cambian Tomás es Tomás y Tereza, Tereza ¿Quién rompe la suma cero? Sin duda hay dos que la rompen, una es Sabina y otra la felicidad de la última escena, es decir, la muerte. Ahí, en ese recorrido ¿alguien se preguntó por “crecimiento económico”, “calidad de la educación” o “crisis energética”? Al final, el asunto se borronea y lo que parece superficial esconde una profunda existencia y lo que aparenta ser profundo es kitsch o, las vidas – más bien el sentido de la vidas que se entrecruzan - colaboran para romper el equilibrio de Nash y jugar con la teoría de juegos.

sábado, noviembre 18, 2006

La Comisión

1 parroquianos

Las comisiones tienen buenos porteros
La exclusividad de las comisiones da status

Una comisión es un grupo de individuos a los que se les ha comisionado la resolución de algo que se considera un problema. Teniendo presente, eso sí, que si el problema no tiene solución, entonces no es un problema, es algo que compone la naturaleza del objeto que presenta el, entonces, aparente problema.

Existen varias formas de resolver un problema, una dificultad o, alcanzar un objetivo que se ha puesto como desafío. Una de ellas es formar una comisión. Si uno elige resolver la realidad por esa vía ha de tener en cuenta que en el propio trámite, así como en su desarrollo y, finalmente, en la resolución de la comisión que resuelve, se puede encontrar con más de un escollo.

Creación de la comisión
Ocúpese de elegir a las personas que conformarán la comisión. Recuerde que, no obstante su voluntad, tomará vida propia y, dependiendo del ego de sus componentes, podrá estar más o menos al servicio del problema que se quiere resolver. Si sus integrantes cuentan con un ego más abultado, es posible que el problema que dio origen a la comisión pase a segundo plano ante la iluminación de sus miembros, quienes podrían encontrar que el problema que usted diagnosticó no es el problema, sino otro, pero para resolverlo se requiere, antes, atender a un par de factores y para ello se necesitan más recursos que los exiguos entregados por usted para el funcionamiento de la comisión. Por el contrario, si los miembros que usted nombró tienen un perfil más bien bajo - de poca monta - y con inseguridad respecto de la vida misma (lo que le asegura a usted que la figuración pública será suya y no de la comisión), es probable que la labor de los comisionados no pase de la fase uno: análisis del problema, y que no avance más que en la revisión, una y otra vez, del mismo. Quizá, finalmente, concluyan que no será posible que ellos (por sí solos) resuelvan el problema y que requieren de una comisión ad-hoc.

Desarrollo de la comisión (hacia la resolución del problema)
Toda comisión, para funcionar, requiere de una normativa que regule el actuar de los miembros; que indique y determine los criterios que han permitido su existencia y la pertinencia de la misma. Se trata de entregar una identidad a la comisión: se debe buscar un nombre que ilustre su existencia y su propósito y, muy importante, una sigla, en lo posible con cinco letras de las cuales dos o tres deben ser vocales, que permita su rápido nombramiento en el caso que su nominación sea muy extensa y se requiera expresarla y hacerla visible en conferencias, seminarios, encuentros, talleres, etc.


El problema…, bueno, antes se deben resolver cuestiones éticas y establecer el reglamento para la membresía. Por cierto, esa membresía es fundamental en el desarrollo y trabajo de la comisión. Respecto del problema a resolver es la membresía la que, tomando en cuenta los requisitos con los que cuentan los ya miembros, podrá resolver el problema. Cuando el problema sea resuelto, entonces, uno de los requisitos para pertenecer al grupo que se genera por la resolución del problema es haber pertenecido a la comisión (¿circunvirunvico?). Sin duda, esto involucra una dimensión ética de cómo se debe entender el fenómeno, entenderlo de la forma correcta se logra siempre y cuando se cumpla con los criterios de la membresía, si no se cumple con esos criterios se corre el riesgo que el problema se entienda – y es lo más probable – de una forma equivocada.

Alguien podría decir que de lo anterior no quedó nada claro ¡pero en fin! así son las comisiones. Léalo de nuevo y si no lo entiende, bueno, forme una comisión.


Resolución de la comisión

Algunas comisiones no se terminarán (lamentablemente), se eternizarán a pesar de no haber resuelto el problema que generó su nacimiento y, además, habrán creado otros. Esto puede suceder por dos motivos, a) porque, como se dijo, no resuelven el problema que se les ha planteado: (eso sí) nunca es responsabilidad de la comisión no resolver el problema, siempre las causas que impiden su resolución se encuentran en manos de otros que entraban o dejan en un punto muerto el avance del cumplimiento de los propósitos de la comisión. Si esos escollos se superan, el problema no se resuelve por sí solo, siempre, siempre estará en las manos de la comisión resolver el problema, no hay otra instancia que pueda resolverlo y, b) porque el problema que dio génesis a la mentada comisión ha pasado al olvido pero los memorables, en sí, se han convertido en tema. Cualquiera de las alternativas es igualmente nefasta.


Hay comisiones memorables que pueden servir como ejemplo:

Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA)
Comisiones regionales del medio ambiente (COREMA)
Comisión Nacional para la Superación de la Pobreza (CONASUPO)
Comisión Bicentenario. (CB)
Comisión para una Verdadera profesión de la Fe (COVEPFE)
Comisión para el Desarrollo de las Artes. (CODA)
Comisión para el Apropiado Fomento de la Investigación. (CAFI)
Comisión anual de las libertades intrínsecamente femeninas de Arica y Salvador (CALIFAS)
Comisión e Iniciativa en la Preservación del Patrimonio Cultural y Antropológico de la Nación. (CIPEPACAN)
Comisión para la preservación del Condor y el Pingüino de Humbolt. (COPCOPIH)
Comisión para la conservación de la lengua española y sus distintas expresiones. (COCLEDE)
Comisión de resguardo de los valores de la población Nº 13, de la comuna de Huakali. (CREVAPOCH)
Comisión para el buen nombramiento de la cabeza de chancho del impulsor de la Teletón (COBUNOCACIT)
Comisión de Mantenimiento y Actualización Permanente de la Canción Patria. (COMAPECP)

jueves, noviembre 09, 2006

El club de la pelea

14 parroquianos

Comentario de Cine en tu lengua:

viernes, noviembre 03, 2006

Tijuana

4 parroquianos

Página 203: En Sonora no fue hallado Archimboldi, pero en Tijuana se encontraron otras cosas.