viernes, julio 07, 2006

Genealogía de un adulto. (Segunda parte).

Cada vez que pongo un pie en ese puente se me viene a la cabeza imágenes de seres que podrían causar más de algún perjuicio en mi apreciada estabilidad emocional, tirito y los nefrones hacen su trabajo. Nunca he sabido cómo enfrentar ese temor y lo más probable es que lo resuelva de la peor manera (¿cuál será la mejor?). Pero ¿a qué me enfrento? a compartir un tarro de leche condensada o arriesgarlo todo: dinero y alma, alma y dinero, y conseguirlo del otro lado del río para que sea sólo para mí. A este lado la seguridad es completa, pero el botín compartido y, probablemente, como somos tantos y yo soy el más pequeño, sólo alcance a estimar el aroma del tarro. Al otro lado del río el riesgo es alto, la posibilidad de perder todo el botín es algo que podría ser inminente. Mientras camino pienso que ese es el único puente que está más alto que el resto del camino y en cada uno de sus extremos se forman pequeñas pendientes, más fuerte en el caso de la que está de este lado del río que la del otro lado. En realidad es, creo, el único puente que conozco. El otro puente sobre este río está varios kilómetros río abajo y no lo he cruzado. Lo primero que a uno lo recibe habiendo bajado la suave pendiente en que remata el puente del otro lado del río, es el cementerio. Cementerio que alberga bajo tierra a la mayoría de los parientes de nuestra familia, pero ¿por qué está del otro lado del río si son nuestros deudos?

Frente al cementerio pasa a mi lado un tipo con una mujer; miden unos 2 metros de altura. Ella lleva la cara cubierta por la cabellera. Él me mira y uno de sus ojos está medio cerrado. Afirmando su mano con su dedo pulgar en el bolsillo del pantalón sujeta entre el índice y el anular un cigarrillo. Con el otro brazo sujeta a la mujer por la cintura y se bambolean en la vereda de un lado a otro, tanto que tengo que bajar a la calle al pasar al lado de ellos. Al cruzar nuestros caminos y dejarlos atrás me doy vuelta para asegurarme que hayan seguido por su camino y ella a su vez se da vuelta a mirarme dejando ver entre su cabellera uno de sus negros ojos. El emporio está a dos cuadras ascendiendo por una suave pendiente. Desde allí descienden una serie de sujetos, cada uno mide como 2,1 metros de altura, todos enfrentándome por la vereda poniente de esa avenida. Ya estoy aquí, falta muy poco, es tan sólo una transacción y nos devolvemos. Entré al negocio, pedí la mercancía, el sujeto me miró con una cara de complicidad que me hizo ruborizar y sentirme culpable de lo que estaba haciendo en otras tierras. Cogí el tarro y tiempo después, cuando supe más de dinero, me di cuenta que había pagado el doble por un tarro, o que podría haber comprado dos, o que me retiré tan rápido y antes que me pudiesen dar el vuelto.

Casi como un efecto de rebote los sujetos que antes iban, ahora venían; es decir, nuevamente su rumbo era contrario al mío. Sin embargo, ahora eran todos un poco más pequeños, pero yo seguía siendo mucho más pequeño que ellos. Al pasar al lado uno de ellos levantó rápidamente uno de sus brazos y, con la misma velocidad, sentí que lo iba a dejar caer sobre mi rostro. Sudé helado. Pero el gesto era para espantar un mosquito que le jodía la visión del camino.

Comencé a correr en dirección al puente y al llegar al extremo correspondiente a “los de este lado del río”...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

uff, stoy medio pa'dentro kon tu koso. Motivo: mi primera Kompra despues de recibir mi primer sueldo (16 años)fue un tarro de leche Kondensada.
En Kuanto a su "puente" ya es un Konocido de todos hace mucho, (the wall:pink floyd, delgada linea: w.Golding, Kalle Lastarria: KoleKtivero SatániKo, etc.)
Konsejo...tírese a raja'pelá al puente nomá y Kómprese un pacK de tarros.


Eris del SURRRR???

Anónimo dijo...

'utas que eris simpático. Me cagué de la risa con tu comentario.

¿Si soy de sur? si y no. Mira, de ahí salí.
.

Anónimo dijo...

Me gustó este post. Definitivamente y aunque le moleste (sin picarse) se parece a los primeros, aquellos que me hicieron ser parte de sus lectores/as..
El niño refleja los temores con los que nos quedamos pegados y son parte de nuestro día a día..
El tarrito de condensada, aquel objeto de deseo por el cuál consciente o inconscientemente somos capaces de hacer lo que sea...incluso cruzar el puente...

Logró además que me remontara hacia mi infancia, cuando era apenas un punto (ahora soy mas que un punto y coma) y me trepaba a lo que yo encontraba una escalera eterna, pa' robarme el tarro que escondería bajo los cuentos, en mi escritorio, y que disfrutaría absorbiendo por el agujerito de la tapa, mientras mis padres conversaban con sus amigos. Mi vieja, en más de una ocasión, cuando quería hacer un postre, se encontró con la sorpresita de que en la despensa ya no habían y culpó a mas de algún inocente.. y yo sshhit... (que ruborizantemente vergonzoso)..

Anónimo dijo...

jajajajaja¡¡¡ voto por tirarse del puente.

Anónimo dijo...

gracias por vuestros comentarios