sábado, abril 22, 2006

Exorcismo


Todo comenzó con unos leves pero continuos tiritones de piernas, que luego fueron derivando en languidez. Encendí el vehículo, bbrrrrrrnnnnn, bbbbrrrrrrrrrnnnn, sonaba el motor al presionar el acelerador. Marcha atrás, luego primera y arrancar raudo hasta el local de la revisión técnica. Entre el enredo y confusión de Estoril, más los nervios, no fue difícil cometer dos o tres infracciones sin consecuencias para nadie, salvo la no muy feliz remembranza de mis familiares en boca de mis colegas conductores. Una vez dentro de la planta de revisión técnica, todos me miran con cara como diciendo: - otra víctima, a este w*** si que lo cagamos. Y a esas alturas, además de las piernas de lana, ya las manos te comienzan a transpirar. Y te quedas con esa impresión, y así te bajas del auto ante la amable (pero cínica) solicitud del técnico que luego se sube y se lo lleva, ¡si w***!, ¡se lo lleva al pozo! y a esa sesión de torturas no sin antes invitarme a matricularme con el pago de la revisión, donde otros sujetos me miran con cara de: - gil, y más encima vai a pagar, si igual te lo van a rechazar. Como un juicio a priori; como un prejuicio - ¿me entienden? - Así, el tipo, parsimoniosamente, me recibió el dinero y con displicencia y sonrisa cínica me dijo: - tome asiento, ya le avisamos (cuando lo tengamos cagado). El sujeto estaba como hundido en su escritorio, yo lo miraba desde arriba pero aun así me sentía un átomo y, paralelamente, una mujer a mi lado limpiaba el ventanal que me separaba de ese odioso sujeto, con frugalidad, haciendo su trabajo de limpieza a media máquina y pausando de vez en cuando la limpieza del vidrio ya limpio (¡todo estaba odiosamente limpio!), para escuchar la sentencia del indiferente al otro lado de la división. -Tome asiento, ya le avisaremos, no se preocupe. Repitió. (“No se preocupe”, qué carerraja). ¡No me senté!, me quedé parado frente al ventanal observando lo que esos desgraciados le hacían a mi autito. Mira, me decía, ahí va uno a ver mi auto, pero… ¡pero! ¡por qué abre y cierra todas las puertas!, ¡qué se han creído!, si para entrar necesita sólo una (y esa maldita máquina qué medirá, pensaba). A sí, esa parte ya la conocía, la cuestión esa de moverle las ruedas delanteras pero… ¡pero!, ¡¿por qué se acerca de nuevo ese otro tipo?!, ahhhh, ¡seguro que lo esta mirando de nuevo para inventarle algo!. ¡Cagué!. Sentencié. Tanto w*** metido en mi auto es porque si no le encontraron algo lo están inventando (sipo, si yo supe que a un amigo le rechazaron el auto porque tenía filtro de aire de una marca que no era la recomendada por la marca del auto y a otro que lo hicieron cambiar las pastillas porque no eran las originales y a un último porque… ‘uta, por weón nomás… y el Tombolini y la cacha de las espada… o sea, uno tiene sus razones pa ponerse así). ¡Y le siguen dando!, ahora lo metieron a los rodillos esos, donde prueban los frenos (hace tiempo que no le reviso las balatas, seguro que con eso me lo rechazan) mira, mira, y sigo pegado al vidrio, mira, mira parece que no frena. (ey, ey) para qué te bajas del auto, no, no, no si ese topón no tiene nada que ver con la seguridad del auto, además el año pasado tenía el mismo topón y pasó la revisión técnica, ¡ya!, ¡ya!, ¡ya! sigue de largo. Le decía a la distancia y a través del vidrio. Si ese topón no es nada. Al girar la cabeza para tratar de dilucidar por qué un tipo alegaba y luego volver a supervisar la revisión de mi auto, éste… ¡¿DESAPARECIÓ?! ¿dónde está?, corrí paralelo al vidrio y respiré profundo cuando lo vi estacionado junto a los otros que ya habían sido revisados. Por fin me senté. - Ahora viene la sentencia. Me decía, las manos me seguían sudando, pero cada vez menos ante lo inminente de mi destino y me iba en devaneos de lo que eso podría significar, ¿cuánta plata tendré que gastar para arreglar “no se qué”? y ¿si me piden que le arregle la puerta caída? ´uta eso me pasa por comprar parrillas rascas que al final terminaron descuadrando la puerta, ´uta eso me pasa por w***. En eso, por los parlantes escucho mi nombre: - Sr. Moebius. El camino hasta la ventanilla fue largo y tortuoso, miles de imágenes se me pasaron por la cabeza, desde que era un mozalbete hasta momentos antes de llegar a la planta de revisión técnica, ¡toda una vida en imágenes! que se proyectaban en milisegundos en mi cabeza. Hasta que llego frente a otro sujeto que muy serio me dice: - su auto está aprobado, verifique que le hayan puesto el sello. En realidad qué amable es esta gente y que haya personas que hablen tan mal de estos esforzados trabajadores que nos cuidan que no tengamos accidentes revisando que nuestros autos estén en condiciones para circular por las vías y rutas de nuestro país. ¡Qué gente aquella!

8 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Que interesante forma de reflejarnos!
Así somos,sin más...
¡Bien Moebius! (además con un tenor mas alegre,atípico en tí)

Anónimo dijo...

Oye, ocupaste el término milisegundos... Y eso estoy segura que lo leí en otro lado...Te pillé, lo dudé, pero te pillé..ja ja ja, el que ríe último ríe mejor...

Anónimo dijo...

¿????????????

Anónimo dijo...

Me refiero a un texto q no está firmado por tí, q se aleja de la forma en q escribes siempre, pero en el que dejaste escapar algunas palabras que son muy tuyas, como: mili.....s, es recurrente en tí..
Por lo tanto podría apostar que "ese texto" q no es de tú blog, sí, lo escribiste tú..

Anónimo dijo...

no entiendo nada?
¡Qué texto!

Anónimo dijo...

Busca la respuesta en El Molina

Anónimo dijo...

Relaciónalo con Augusta...y ahí está
¿Entendiste???

Anónimo dijo...

Parece que se rindió... Se acuerda cuándo le pregunté por El Molina...A eso me refería..