martes, enero 03, 2006

Grosería y mofa institucionalizada

Hace un tiempo me anda dando vuelta una idea. No se si será muy descabellada y al contrario de los otros ensayos no tengo mucha documentación para afirmar esta hipótesis. A riesgo de ser simplista en el análisis, lanzo el tema, fundamentalmente, para provocar.

Entrémosle al asunto: creo que existen ciertas expresiones en los medios públicos virtuales que se traspasan a los espacios de relación privada, es decir, existe un influjo de cierto discurso público en conductas individuales y privadas. Concretamente me refiero, y que es motivo de mi preocupación, al menoscabo que se hace de ciertas formas de ser, de defectos físicos, razas o identidades étnicas que expresadas a través del chiste o el tratamiento de temas de la criminalidad, terminan amplificándose o reproduciéndose en la esfera privada para luego retornar al espacio público.

Hago la distinción del espacio público, del virtual público para indicar con el segundo al discurso que se transmite desde los medios de comunicación. Por discurso me refiero no sólo a la palabra hablada y escrita, también a las distintas formas de expresión del lenguaje (en su acepción lacaniana) y que contiene sentido, intención e ideología (en el sentido amplio de la palabra ideología y que va más allá de lo político partidario).

De esta forma, creo que el menoscabo que ocupa el espacio virtual, que ejemplificaré más adelante, sigue un circuito pernicioso para la tolerancia, y riesgoso para el diálogo con lo distinto. El circuito comienza su lance en el espacio virtual, sigue al espacio privado y se devuelve al espacio público (a secas) pero, en ese contexto, como un discurso que se distingue por su poca capacidad de tolerancia y mucha fuerza agresiva. Véase, por ejemplo, los gritos de un diputado aludiendo a la candidata presidencial de la concertación, a propósito de la discusión del cambio del sistema binominal la semana recién pasada. Por cuestiones obvias y de acuerdo al sentido que quiero transmitir no reproduciré esa frase.

Es usual ver en programas televisivos burlas o chistes a personas que poseen alguna discapacidad, apariencia física o, discursos que hacen escarnio público de estructuras de personalidad que escapan a la normalidad (psicóticos, psicópatas). Todas estas expresiones son problemáticas si se comprende que el televidente que observa podría poseer alguna discapacidad, apariencia o estructura de personalidad aludida y que es la sociedad la que juzga, por un crimen que no se ha cometido y tal vez no tenga existencia, y se estructura un show en torno a ello. Es normal encontrar que en los establecimientos educacionales los compañeros se burlen de los niños que son más gordos, más flacos, tiene la cabeza más grande o las orejas como paila. En ese contexto, es un grupo el que se mofa de esos “defectos” del aludido, pero distinta es la situación cuando a través de un programa de televisión se hace el mismo ejercicio burlesco. El mensaje para el aludido es, como se señalaba, que la sociedad toda (ya que existe el supuesto que todos miran y podrían compartir el discurso) es la que se burla de un sujeto que se convierte en una entelequia y que a esas alturas a cualquiera le podría caer el sayo.

Mucho más delicada es la situación cuando la referencia televisiva hace alusión y juzga desde una posición seudo psiquiátrica a quienes poseen una estructura de personalidad que cruza lo frontera de lo que entendemos por “normalidad”. Indudablemente un psicópata que viola o asesina o en general transgrede las leyes deberá estar encerrado tras las rejas o sometido a tratamiento (si se estima que existe posibilidad de cura). Otra cosa distinta es que se utilice como herramienta de sintonía, exacerbando el morbo, la historia de estos sujetos. Sobre todo si se consideran los efectos que podrían causar en quienes asisten a este tipo de espectáculo mediático.

Qué pasaría si del espacio científico se sacara la formula para hacer una bomba atómica o, se compartiera cual mercancía el DSM IV, sin contexto, aviso o advertencia en su uso y, sobre todo, sin la ética que corresponde a la preparación de los profesionales que usan esas herramientas. La cuestión podría ser bastante seria y se podría encontrar a maestros chasquillas tratando de construir la bomba atómica o centros artesanales de diagnóstico psiquiátrico en la casa de la vecina que se le ocurrió que ella podría hacerlo bien.

Entonces, después resulta que nos quejamos por la agresividad en los discursos públicos, de la excesiva violencia discursiva que transita sin filtro entre lo privado y lo público y viceversa. Otros dirán que no es un problema de los medios, sino de quien los consume y que los medios sólo cumplen que el rol de informar y entretener – (¿?) -, la cuestión es un poquito más compleja y comenzando de lo simple a lo más profundo, todo tiene una intención, un sentido o una cosmovisión y un ethos. Existen discursos objetivables y no objetivos, y cuando el problema es de un sujeto que interpreta mal un mensaje, entonces es un problema de quién lo escucha, pero cuando muchos interpretan de una determinada forma el mensaje, el problema es del mensajero y la responsabilidad del medio que da tribuna.

Por último, y a propósito de la contingencia, al caballero se la ha ocurrido tratar de tuerto a otros y ¿qué culpa tienen los tuertos?
En todo caso, no prentendo haber acabado el tema aquí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Difiero, si bien "lo cortés no quita lo valiente", prefiero mil veces una expresión airada abominable e impulsiva que me dé cuenta de quien es mi interlocutor, me revele su naturaleza y me permita estar prevenida al respecto.
La censura, por definición, no nos lleva a cambiar las posturas de los individuos, sino simplemente a no tener conciencia de las atrocidades que nuestros congéneres pueden llegar a concebir.
El desprecio o menoscabo existente hacia ciertos grupos de personas es más peligroso en la sombra que a la luz, más me preocupa el doble discurso que la réplica airada e insultante.
Y en cuanto a las menciones de defectos, o particularidades, ojalá fuésemos capaces de reírnos de nosotros mismos en conciencia de que ¡no existe alguien libre de defectos! ¿O es mejor restringirnos y decir "african american" por un negro o "significant other" por tu pareja?

Anónimo dijo...

Existe una utilización irresponsable de parte de los medios de comunicación para sacar provecho, sesgar, exacerbar, que es transmitida y digerida por un receptor que la absorbe, practicamente sin mayores cuestionamientos ¿Será entonces esta una responsabilidad o irresponsabilidad compartida?
Claro que hay una irresponsabilidad de trasfondo y no tiene una relación con el receptor sino, con el emisor del mensaje en cuestión, que es parte de un sistema desde el cual quiere influir.
Para muestra un botón y de contingencia...
La accidentada votación de un senador electo en La Pintana (que obviamente conlleva un trasfondo) Situación transmitida y retransmitida en los medios, para producir intencionadas interpretaciones...
El penúltimo párrafo de su ensayo lo veo representado en el libro "Las intermitencias de la muerte" de Saramago.
Allí vemos en primer lugar la equívoca interpretación pública que una periodista hace de una entrevista, ocasionando incluso, la creación de un movimiento que cree que la muerte se puede manejar a voluntad. Situación que debe ser reivindicada por los medios ya que al "Sistema" (Iglesia, gobierno) no le conviene para nada..
¿¿¿¿ Entonces sólo informan y entretienen estos medios?????