Reservado (3/3)
Era viernes y Samblas se preparaba para el fin de semana, juerga, fútbol, cervezas… dormir, comer, etc. ¡Ah! sí, y a comprar el boleto, casi me lo olvidaba. Él, aunque todavía dudaba, se recordaba. La vieja, por su parte, tejía a croché recuadros de lana, de distintos colores. Ese era su panorama para el fin de semana.
¿Cómo se espera la suerte? Tomado cerveza en el entretiempo. Así se fue de copa en copa… Luego jugó Boca y ese partido sí que mejoró en entereza de los jugadores. Luego siguió con ginebra, pero por más perfume que su copa llenara no había caso con Racing, ni daba pié con bola… ni para atrás ni para adelante. Llegó el turno de River y de nuevo se animó el living de la casa. Otra ginebra y del boleto ni recuerdo. Cada uno se construye su infierno. Recordaba Samblas. Pero no se acordaba del paraíso y de la suerte del boleto. Paradojalmente el trago le cambio el switch; del pensamiento mágico a la abstracción digna del filósofo más concreto, siguió con los cánticos regionales de su natal pueblo, ofreciendo amor y buenos deseos a todos sus hermanos y, antes de caer sobre la mesa de centro, romper el vidrio y partirse la cabeza, alcanzó a proferir algunos insultos a la autoridad, “con todo respeto” decía él, “porque no estoy en mai cantri”, remedaba a los gringos, “pero estos hijos de puta se lo han robado todo, incluso mi premio”. Agregó finalmente.
Al despertar en el hospital del municipio de Casanova le pidieron que dejara tranquila a la enfermera y le dijeron que lo que tenía en la cabeza no era nada grave, que en un par de días podría volver a su casa. Gordo porfiado, se levantó, le agarró el trasero a la enfermera y se retiró del hospital. El médico lo detuvo en la puerta y le dijo que todavía no le daba el alta. Él le contestó que se la podía meter por donde quisiera pero que se iba de esa basura de hospital, que en su país la atención era mucho mejor y que las enfermeras eran más cariñosas. Así que se fue. Samblas salió del hospital y cuando tornaba la primera esquina se encontró con un quisco donde se mostraban los resultados de la lotería. Revisó el número ganador: 4815162342. ¡Era su número! ¡Era el ganador! no lo podía creer. Tomó un taxi hasta su barrio y luego hasta el negocio de la vieja… Ahí estaba ella, tejiendo su croché detrás del mostrador.
- Dónde está mi boleto.
- Qué boleto, lo esperé hasta el domingo por la mañana y usted no apareció así que lo vendí a un señor un poco insolente que insistió en querer comprarlo.
- ¡¿Pero usted está loca?!
- No, sin insultos por favor.
- ¿Qué día es hoy?
- Martes ¿Por qué tanto escándalo?
- ¡Porque el maldito boleto era el ganador del premio de “Reyes”!
- N o l e p u e d o c r e e r.
- ¡¡Créalo nomás vieja de mierda!!… ¡¡toda la vida esperando y!!… ¡¡¿se da cuenta?!!
Muchos años después volví a encontrarme con el gordo. Se casó. Tuvo su correspondiente prole y me contó que nunca, desde aquella fecha, dejó de comprar el boleto correspondiente. Además, agregó otros sorteos que seguía “religiosamente”. 20 años llevaba en esa historia y lo único que encontraba en cada sorteo era un: “siga participando”. Hasta que un día lo pilló el cáncer que le hizo entender la ironía de los resultados de los juegos: "siga participando".
La vieja, bueno, esa es otra historia que está terminada en otro cuento.
Y el ritmo, el ritmo es una excusa para inventar otra historia.
¿Cómo se espera la suerte? Tomado cerveza en el entretiempo. Así se fue de copa en copa… Luego jugó Boca y ese partido sí que mejoró en entereza de los jugadores. Luego siguió con ginebra, pero por más perfume que su copa llenara no había caso con Racing, ni daba pié con bola… ni para atrás ni para adelante. Llegó el turno de River y de nuevo se animó el living de la casa. Otra ginebra y del boleto ni recuerdo. Cada uno se construye su infierno. Recordaba Samblas. Pero no se acordaba del paraíso y de la suerte del boleto. Paradojalmente el trago le cambio el switch; del pensamiento mágico a la abstracción digna del filósofo más concreto, siguió con los cánticos regionales de su natal pueblo, ofreciendo amor y buenos deseos a todos sus hermanos y, antes de caer sobre la mesa de centro, romper el vidrio y partirse la cabeza, alcanzó a proferir algunos insultos a la autoridad, “con todo respeto” decía él, “porque no estoy en mai cantri”, remedaba a los gringos, “pero estos hijos de puta se lo han robado todo, incluso mi premio”. Agregó finalmente.
Al despertar en el hospital del municipio de Casanova le pidieron que dejara tranquila a la enfermera y le dijeron que lo que tenía en la cabeza no era nada grave, que en un par de días podría volver a su casa. Gordo porfiado, se levantó, le agarró el trasero a la enfermera y se retiró del hospital. El médico lo detuvo en la puerta y le dijo que todavía no le daba el alta. Él le contestó que se la podía meter por donde quisiera pero que se iba de esa basura de hospital, que en su país la atención era mucho mejor y que las enfermeras eran más cariñosas. Así que se fue. Samblas salió del hospital y cuando tornaba la primera esquina se encontró con un quisco donde se mostraban los resultados de la lotería. Revisó el número ganador: 4815162342. ¡Era su número! ¡Era el ganador! no lo podía creer. Tomó un taxi hasta su barrio y luego hasta el negocio de la vieja… Ahí estaba ella, tejiendo su croché detrás del mostrador.
- Dónde está mi boleto.
- Qué boleto, lo esperé hasta el domingo por la mañana y usted no apareció así que lo vendí a un señor un poco insolente que insistió en querer comprarlo.
- ¡¿Pero usted está loca?!
- No, sin insultos por favor.
- ¿Qué día es hoy?
- Martes ¿Por qué tanto escándalo?
- ¡Porque el maldito boleto era el ganador del premio de “Reyes”!
- N o l e p u e d o c r e e r.
- ¡¡Créalo nomás vieja de mierda!!… ¡¡toda la vida esperando y!!… ¡¡¿se da cuenta?!!
Muchos años después volví a encontrarme con el gordo. Se casó. Tuvo su correspondiente prole y me contó que nunca, desde aquella fecha, dejó de comprar el boleto correspondiente. Además, agregó otros sorteos que seguía “religiosamente”. 20 años llevaba en esa historia y lo único que encontraba en cada sorteo era un: “siga participando”. Hasta que un día lo pilló el cáncer que le hizo entender la ironía de los resultados de los juegos: "siga participando".
La vieja, bueno, esa es otra historia que está terminada en otro cuento.
Y el ritmo, el ritmo es una excusa para inventar otra historia.

12 comentarios:
¡¡¡Genial!!!
Pobre Samblas.Que irónía, pero demasiado trágico que le toque el cáncer...
Me encantó como unió con el otro cuento..
Felicitaciones...
Leo que por lo menos le queda un anónimo "Julita" fiel. ¡Felicitaciones Moebius! cada día escribe mejor...
Me entró la curiosidad ¿Qué revelarán los números que Samblas jugaba?...
anónimo fiel..(Me gusta mas que Julita)
El fin del mundo: Samblas repitió tantas veces la historia que logró calar hondo en un espíritu sensible que, al tiempo, perdió la lucidez. Ese loco coincidió en el manicomio con otro gordo que, luego de oir los números día y noche, al salir los jugó y sí ganó... fue el inicio de la mala suerte de Hurley. Saludos anónimo fiel.
LOST....¿Tiene que ver con LOST?
No vi la serial, pero de algún modo me decepciona la relación.
En fin, para que pregunté...
En todo caso Patricia Higtsmith, plantea en su libro "De la nada a la idea", que se pueden generar ideas a partir de concreciones...
Se podía haber generado un concurso, relacione elementos del blog, con el cuento...
Pero yo, habría perdido.
Creo a Moebius también se decepcionará con su decepción...
A usted que no tiene nombre (anónimo): Mi madre siempre me decía: - cómo puedes decir que algo no te gusta si no lo has probado (visto). Hoy yo repito lo mismo, incluso podría ser un "citar es citarse". En fin, uno no es monedita de oro y tampoco existe la pretensión de serlo. Sinceramente, lamento desilusionarlo/a.
Funcionaria: no se me había ocurrido "esa" relación, será por eso que dicen que una vez escrito, el cuento deja de ser de uno.
...Perdón, decepecionarlo/a por desilusionarlo/a
Estimado Moebius, obviamente si tengo nombre, aunque le expliqué, hace unos cuantos coment, por que no quería hacerlo público, además no se me ha ocurrido por el momento nada mejor que anónimo fiel.
Creo que su madre era muy sabia en sus apreciaciones, como solo las madres saben serlo, aunque lamentablemente, uno no pueda andar por allí probándolo todo, a pesar del deseo...
Volviendo al tema, yo no he criticado un programa que no he visto, sino que me he referido a que con los números esperaba una asociación diferente, de esas cosas medias extrañas que, de pronto se le ocurren y son un tanto geniales.. Nada mas..
Eso no le quita lo bueno al texto
Saludos anónimo fiel
Creo que su fidelidad merece las siguientes palabras de mi parte.
Aclaro, porque a veces la palabra escrita traiciona, que lo que aquí escribo lo digo en la más absoluta tranquilidad, sin apasionamientos, fundamentalismos o integrismos. Sólo me mueve el placer de discutir (pasión que por muchos es incomprendida, estoy claro que no es su caso).
Es cierto que uno no puede andar probándolo todo pero al menos hay que tratar de hacer el intento, más aún en temas que no importan peligro físico alguno. Si Ud. encuentra que la asociación de los números de la lotería de Samblas no reviste, como usted dice, genialidad y le provoca decepción, ello es porque carezco de ese atributo y esta más bien en usted como lector que en mí como escritor. De todas formas, y con todo respeto, no entiendo cómo puede juzgarla si no conoce la serie.
No creo en la tiranía del escritor como el único que puede hacer asociaciones. Me parece que el texto, el cuento (y creo que debe ser así) es mucho más flexible como para leer otros cuentos que ahí se contienen. Lo que sugiere "funcionaria" ni se me había pasado por la cabeza (y me gustó la idea) y así cada uno podrá hacer de estos cuento el que cada uno quiera o el que le haga más sentido, o el que se “toque” con su vida. Como dice Borges: “la literatura es un sueño guiado”. Y cada uno tiene sus propios sueños que no necesariamente encajan con los del que escribe.
Una vez en una presentación, proyectada en una pared, puse una foto de la torre telefónica, esa que está en la plaza Italia. La foto estaba inclinada y al terminar la presentación uno de los asistentes me señaló que le parecía interesante la visión gráfica que mostraba de la torre, como una suerte de inclinación que podría significar la futura caída de un imperio empresarial y bla bla bla. El resto de los participantes adhirió y complementó sus palabras encontrando cierta coherencia entre la imagen y lo que yo había expuesto.
Por mi parte señalé que la foto estaba inclinada porque la había sacado, al pasar, desde el auto y no había logrado un buen ángulo para que quedara “derecha”, y punto. Agregué que me parecían interesantes las construcciones y reflexiones que habían hecho, pero que no había sido mi intención.
Interesante su comentario..
Me recuerda a varios escritores a los cuales se les ha comentado las interpretaciones dadas a sus textos, pero, que a decir de ellos eran el simple resultado de una palabra hermosa, sutil, vibrante que enriqueciera, a veces solo en la forma, sus escritos y las coincidencias han sido espectaculares...Ahora a mi me queda la duda de si esa casualidad es tal, pero en fin, como ud. muy bien lo dice, eso es otro cuento..
Saludos...
Interesante el citar es citarse..
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