Buenos días y mala suerte
Comentario de cine en tu lengua.
Hay dos formas de contar esto: una es decir que la edición de los subtítulos de la película es pésima y otra es reconocer que “mi inglés” no es suficiente para comprender la película sin los subtítulos.
La película se llama “Buenas noches y buena suerte”, dura 92 minutos y esta calificada para todo espectador. Postuló al Oscar y creo que gano uno, no tengo idea por qué. Esperando una sorpresa me dirigí por la mañana a ver la primera función, la sorpresa que esperaba era no encontrarme con una típica película gringa… resultado: la típica película gringa con algunos matices artísticos, por ejemplo: el director supo refugiarse en el blanco y negro que le da al filme un carácter más artístico, se adecua a la época y porque no, le permite sortear algunos problemas de producción con los que se habría encontrado con una película a color. Por cierto, con el color también se puede hacer arte, es más difícil, pero se puede. El argumento consiste, básicamente, en una discusión entre un periodista y un senador (un macarra de la moral) a propósito de la guerra fría y los comunistas que se podrían infiltrar en los EEUU (país, por cierto, sin nombre). Los puntos en tensión de la discusión eran, por parte del senador: la persecución de los comunistas, o simpatizantes de ellos, por un supuesto espionaje y, por parte del periodista: la facilidad para levantar juicios sin pruebas a personas que podrían no tener nada que ver con el tema y como a partir de aquello se ponía en cuestionamiento uno de los principales valores que fundó la sociedad gringa: la libertad, y ahí lo típicamente gringo (dime de qué te ufanas y te diré de qué adoleces). Todo ello ocurre en los años 50 a 56, en lo que posteriormente se llamó la caza de brujas o "McCarthismo" y se comenzaba a instalar la televisión como un medio de comunicación masiva.
Pensaba que este post iba a ser más corto, pero bueno, sigo…
El cine es un reflejo de la sociedad, así el cine chileno de los noventa se caracterizó porque sus directores pretendieron contarlo todo dentro de una cinta que duraba de 90 a 120 minutos, o un poco más, resultado: la mayor parte del tiempo, un desastre. Y tenían razón, queríamos contarlo todo, estuvimos 17 años con las quijadas trabadas.
El tema de la película de Cloneey hace una alusión a un problema que se actualiza hoy con la Torres Gemelas (NY 2001), Irak, Afganistán, España (Atocha). Ahora bien, es un mensaje para ellos mismos (para los gringos), no creo que una película se la pueda calificar de buena o mala, también se debe considerar el contexto y en este sentido me parece que el tema debe ser importante para ellos. A lo mejor tendría más sentido para nosotros si estuviese situada en la época de González Videla y su persecución a los comunistas, pero igual no logro imaginarme que podamos contar con una producción cinematográfica de ese estilo. ¿Por que será? ¿Qué es lo que hace difícil imaginarse algo así? O, puesto al revés ¿Qué es lo que hace que los gringos miren su pasado casi de manera enfermiza? En el momento tenemos varias producciones: “Johnny and June”, “The Cinderella Man”, “Good night, and good luck”, Capote, por nombrar algunas y sin olvidar que nos invadieron con películas acerca de su trauma de la guerra de Vietnam. A lo mejor les sirve como una forma de expiar sus culpas ¿quién sabe? Al menos en política exterior siguen en la misma línea o más dura respecto, precisamente, a los que pretender expiar.
Volviendo a la película y si me preguntan mi opinión acerca de ella y teniendo presente el tema de los subtítulos, creo que lo mejor es que la sala estaba vacía. Yeesss, fui el único espectador en una sala dispuesta para trescientos individuos (app.), y pude darme ese lujo de estirar los pies a mi antojo y no sufrir con los infaltables que llegan con esos tachos enormes de “pop corn” (las cuestiones siempre se han llamado palomitas de maíz) y que mastican con la boca abierta durante toda la película. El sonido, espectacular, hasta el más suave sorbetón de tasa de café se podía percibir en la docena de parlantes, ¡genial! Sin embargo, al final de la película te quedas esperando y me vino esa típica reacción: -nooooo, ¿no puede ser?, si así no terminan las películas gringas (se habrá quedado dormido el cojo), el malo tiene que morir o, el bueno tiene que alzar la espada de la libertad y ser reconocido por todos, o pelotudeces de ese estilo. Salí de mi engaño cuando aparecieron los créditos. Antes que se me olvide, la música… exquisita.
Que paradoja, las que se catalogan como buenas películas casi siempre hacen referencia a cuestiones que quisiéramos que estuviesen erradicadas y nunca hubiesen tenido existencia. En realidad a eso se refiere el cine gringo, porque el francés tiene otra retórica, igual que el italiano, o los europeos en general; también los asiáticos, específicamente los chinos. Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado demasiado a que el cine, es el cine de los gringos.
Hay dos formas de contar esto: una es decir que la edición de los subtítulos de la película es pésima y otra es reconocer que “mi inglés” no es suficiente para comprender la película sin los subtítulos.
La película se llama “Buenas noches y buena suerte”, dura 92 minutos y esta calificada para todo espectador. Postuló al Oscar y creo que gano uno, no tengo idea por qué. Esperando una sorpresa me dirigí por la mañana a ver la primera función, la sorpresa que esperaba era no encontrarme con una típica película gringa… resultado: la típica película gringa con algunos matices artísticos, por ejemplo: el director supo refugiarse en el blanco y negro que le da al filme un carácter más artístico, se adecua a la época y porque no, le permite sortear algunos problemas de producción con los que se habría encontrado con una película a color. Por cierto, con el color también se puede hacer arte, es más difícil, pero se puede. El argumento consiste, básicamente, en una discusión entre un periodista y un senador (un macarra de la moral) a propósito de la guerra fría y los comunistas que se podrían infiltrar en los EEUU (país, por cierto, sin nombre). Los puntos en tensión de la discusión eran, por parte del senador: la persecución de los comunistas, o simpatizantes de ellos, por un supuesto espionaje y, por parte del periodista: la facilidad para levantar juicios sin pruebas a personas que podrían no tener nada que ver con el tema y como a partir de aquello se ponía en cuestionamiento uno de los principales valores que fundó la sociedad gringa: la libertad, y ahí lo típicamente gringo (dime de qué te ufanas y te diré de qué adoleces). Todo ello ocurre en los años 50 a 56, en lo que posteriormente se llamó la caza de brujas o "McCarthismo" y se comenzaba a instalar la televisión como un medio de comunicación masiva.
Pensaba que este post iba a ser más corto, pero bueno, sigo…
El cine es un reflejo de la sociedad, así el cine chileno de los noventa se caracterizó porque sus directores pretendieron contarlo todo dentro de una cinta que duraba de 90 a 120 minutos, o un poco más, resultado: la mayor parte del tiempo, un desastre. Y tenían razón, queríamos contarlo todo, estuvimos 17 años con las quijadas trabadas.
El tema de la película de Cloneey hace una alusión a un problema que se actualiza hoy con la Torres Gemelas (NY 2001), Irak, Afganistán, España (Atocha). Ahora bien, es un mensaje para ellos mismos (para los gringos), no creo que una película se la pueda calificar de buena o mala, también se debe considerar el contexto y en este sentido me parece que el tema debe ser importante para ellos. A lo mejor tendría más sentido para nosotros si estuviese situada en la época de González Videla y su persecución a los comunistas, pero igual no logro imaginarme que podamos contar con una producción cinematográfica de ese estilo. ¿Por que será? ¿Qué es lo que hace difícil imaginarse algo así? O, puesto al revés ¿Qué es lo que hace que los gringos miren su pasado casi de manera enfermiza? En el momento tenemos varias producciones: “Johnny and June”, “The Cinderella Man”, “Good night, and good luck”, Capote, por nombrar algunas y sin olvidar que nos invadieron con películas acerca de su trauma de la guerra de Vietnam. A lo mejor les sirve como una forma de expiar sus culpas ¿quién sabe? Al menos en política exterior siguen en la misma línea o más dura respecto, precisamente, a los que pretender expiar.
Volviendo a la película y si me preguntan mi opinión acerca de ella y teniendo presente el tema de los subtítulos, creo que lo mejor es que la sala estaba vacía. Yeesss, fui el único espectador en una sala dispuesta para trescientos individuos (app.), y pude darme ese lujo de estirar los pies a mi antojo y no sufrir con los infaltables que llegan con esos tachos enormes de “pop corn” (las cuestiones siempre se han llamado palomitas de maíz) y que mastican con la boca abierta durante toda la película. El sonido, espectacular, hasta el más suave sorbetón de tasa de café se podía percibir en la docena de parlantes, ¡genial! Sin embargo, al final de la película te quedas esperando y me vino esa típica reacción: -nooooo, ¿no puede ser?, si así no terminan las películas gringas (se habrá quedado dormido el cojo), el malo tiene que morir o, el bueno tiene que alzar la espada de la libertad y ser reconocido por todos, o pelotudeces de ese estilo. Salí de mi engaño cuando aparecieron los créditos. Antes que se me olvide, la música… exquisita.
Que paradoja, las que se catalogan como buenas películas casi siempre hacen referencia a cuestiones que quisiéramos que estuviesen erradicadas y nunca hubiesen tenido existencia. En realidad a eso se refiere el cine gringo, porque el francés tiene otra retórica, igual que el italiano, o los europeos en general; también los asiáticos, específicamente los chinos. Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado demasiado a que el cine, es el cine de los gringos.


1 comentario:
Sin duda que el problema es el dominio del inglés.
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