lunes, febrero 20, 2006

Declaración de Principios

Desde mi época universitaria me dedique a leer libros de filosofía, antropología o sociología. Sin embargo, de un tiempo a esta parte comencé a hacer de la literatura mi atención preferente en la lectura. ¿Por qué? Inicialmente la respuesta que podría haberme dado es porque es más entretenida, simplemente. Además, ya estoy ocupado en lo que estudie, no debo responder a las demandas de lectura propias del estudio universitario y actualizarme es una preocupación que toma parte del tiempo. Ahora bien, no por entretenida se mantiene durante tanto Bloque entrecomilladotiempo un interés, se puede decir que en la medida que los libros iban pasando fueron apareciendo elementos concretos de atracción, como la forma de escribir, los estilos, los temas, etc. de distintos escritores

Cuando se descubre la forma de escribir de ciertos autores, se descubre también ciertas formas de asir el mundo, de retratarlo y sobre todo de expresarlo o de contarlo. Jugar con el lector y la forma en como se lleva adelante ese juego es otra de las cosas que me parecen fascinantes, por supuesto, más en algunos autores que en otros.

Por mucho que aprecie los libros “más científicos” (sobre todo referidos a mi profesión), lo que buscaba: las respuestas, parecen estar más cercanas en la literatura. Aunque de todas formas se podría hablar de acercamientos sucesivos, o intentos de ello. Es como el esfuerzo que hace un imán al acercar a otro con polaridad opuesta: necesariamente el otro se aleja o “se da vuelta” y se pega. Es la ilusión que crea la literatura.

Mi intención al crear este espacio ha sido en primer lugar y el más importante: una cuestión personal. El leit motiv es contar mi historia, ponerla enfrente para poder apreciar lo que me atormenta y lo que me gratifica. Por tanto, y como se podrán dar cuenta, la cuestión personal es lo primordial y lo que en definitiva más me importa. Todo lo que se agregue será más o menos bienvenido (y nunca censurado a no ser que, a través de comentarios, se ataque a personas), pero es parte del plus. Es decir la suficiencia esta cubierta, el propósito esta cumplido, si se agregan otros, mucho mejor.

Este es un trabajo como de aquellos que mandaban a hacer en la escuela: “sin nota”. Todo lo que publico no tiene ninguna pretensión más que retratar aquello de lo que señalé más arriba. Trato de imitar lo que leo, algunas veces me quedará mejor que otras, pero la intención no es convertirme en aquello que imito. Además, las imitaciones suelan ser siempre de menor calidad, sino malas, directamente. En otras palabras, la función de mi escritura no es gratificarle a uds. es gratificarme a mi mismo

¿Por qué en un lugar público? Por dos cosas. La primera: por la rigurosidad y periodicidad que impone saber que alguien eventualmente podría estar leyendo lo que escribo, es más espero ser leído, ojala por miles, no niego esa vanidad, pero recordar que su lectura queda en el lugar del plus. Si no lo hiciese en un lugar público no me obligaría, sobre todo, a ser sistemático. Segundo: el hablarse a sí mismo puede llevar fácilmente al autoengaño, no con un afán de dolo, sino por la autocomplacencia y la sobreprotección que uno tiende a procurarse. Con un testigo en ciernes es mucho más difícil ocasionar ese perjuicio, no por su custodia o supervisión, sino, simplemente, por estar potencialmente ahí.

¿Pero exponer lo escrito es como desnudarse en público? Es cierto. Pero es cierto también que hace rato que andar en pelotas no es algo que mayormente me preocupe. Recuerdo que hace algunos años era algo que me perturbaba, ahora he perdido mucho el pudor. De todas formas, la desnudez es una cosa relativa, sobre todo en este ámbito. Habrá algunos que la podrán ver y otros que no, a aquellos que la vean los invito a dejar las pilchas en el ropero y a los que no, los invito a meterse dentro del closet y cerrar por fuera.

Quiero terminar esta declaración de principios citando a Vila – Matas:

6
Recuerdo haber siempre pensado que la propia vida no existe por sí misma, pues si no se narra, si no se cuenta, esa vida es apenas algo que transcurre, pero nada más. Para comprender a la vida hay que contarla, aun cuando sólo sea a uno mismo. Eso no significa que la narración permita una comprensión cabal , puesto que de hecho quedan siempre vacíos que la narración no cubre, pese a las suturas o remedios que intenta aplicar. Por ese motivo es por el que la narración restituye la vida sólo de forma fragmentaria.

9
Como nada memorable me había sucedido en la vida, yo antes era un hombre sin apenas biografía. Hasta que opté por inventarme una. Me refugié en el universo de varios escritores y forjé, con recuerdos de personas que veía relacionadas con sus libros o imaginaciones, una memoria personal y una nueva identidad. Consideré como propios los recuerdos de otros, y así es como hoy en día puedo presumir de haber tenido vida. Después de todo, ¿no es lo que hace todo el mundo? Mi vida no es más que una biografía como la de todos, construida a base de recuerdos inventados.[1]


Lo invito a hacer comentarios para vuestro propio regocijo.

Christian


[1] Vila – Matas, Enrique: “Recuerdos inventados”. Ed. Anagrama. 1994. Barcelona. Págs: 9 y 10.

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